EL CRUCE DEL AMOR

Existe dentro de la meditación, muchas formas y caminos de llegar a la suma contemplación, que requieren muchos trabajos y penas, las cuales dentro de nosotros van gestando una especie de motor y,  cada vez más este motor se especializa con el paso del tiempo. 

Existen dentro de nuestras decisiones, algunas que son tomadas por todos, como buenas; mas hay algunas que son de entre todas éstas, excelentes, no por tener mejor gusto, mejor apariencia, sino porque brotan de la esencia misma de Dios y nos transforman dentro de Él, en una mejor acabada obra maestra. Estas sublimidades que nos llevan a las cosas de  Dios, las puedo nombrar como trascendencias, porque pueden convivir con el hombre, dentro de un plano distinto al de la naturaleza de Dios mismo, como lugar único en el cual él es el Único, o Él es el que es. Si fuesen de suyo únicas en Dios, y a nosotros no llegasen, no serían trascendentes, pero de acuerdo a nuestro captar, para nosotros esos “universales”, se nos vuelven trascendencias. Porque estas operan de modo indistinto en el espacio y el tiempo, sin necesidad de estar sin la pulcritud contextual o externa que nos rodea, ya que mantiene al alma por encima de cualquier fuente de distracción y la sumerge dentro de esta situación o estado contemplativo. 

Pero esta "virtud" que es sabiduría y conocimiento, no es como escuchar, sino es como comer, como alimentarse, desde el plano biológico (por poner un ejemplo) , cuando en la persona hay una disposición para actuar. Porque mantiene el sentido presto, y de modo natural, al gusto, y a lo que significa, por medio de la visión; es decir, por medio de la asociación de todo lo que mira, y todo lo que gusta, con todo lo que necesita para estar satisfecho.

Quiero nombrar algunas formas de meditación para que no sea tan etéreo este discurso mío. Podemos señalar cuatro formas. La primera, la quietud. En segundo lugar, las fuerzas de los vientos tensadas, que son los impulsos de nuestro espíritu. En tercer lugar, la sabiduría discursiva. Y por último, la cuarta manera es, el panorama de la contemplación. Todas estas, sujetas de modo constante y sin descanso al acto operativo de la voluntad.

Dejando de lado el contexto de mi limitación, con respecto a la explicación para poder ser exactos n explicar todos estas formas de descubrir el amor en la meditación, hay que dejar en claro, que muchas veces, estos cuatro modos se viven de forma aleatoria, porque median entre la vigilia y el sueño, entre el orar y el pecado. Si en nuestro corazón, el fuego de Dios se mantuviese unido de modo perfecto, como lo es para los santos en la eternidad, se mostrarían en una sola tangencia y no durante el intervalo de los vaivenes de nuestra miseria. Por eso, si aún para nosotros, dentro de nuestra conciencia, comprender esto se vuelve muchas veces difícil, para un niño que recién quiere empezar a gatear, por ejemplo,  será más. Y por ello, nosotros como pequeños infantes que somos en el ejercicio de la meditación y la contemplación, somos aún muy débiles para lograr llegar de buenas a primeras a dicho encuentro divino. 

Para la quietud, en primer lugar existen dos peligros, uno por exceso y otro por defecto. El peligro por exceso es tener tanta quietud que no haya lugar para mirar al prójimo como Dios lo hace con cada uno de nosotros. El segundo peligro es que haya tan poca que uno no pueda uno recogerse dentro de cualquier situación o lugar, por el grado de distracción y exterioridad que hay en nosotros. Por ello, el estar quieto comporta la virtud de la templanza, de forma sostenida, y constante, por medio de una aceptación de mis circunstancias, de modo que, afirmar la total seguridad de estar conscientemente viviendo el momento presente, de modo que no haya ni ansiedad por el futuro, ni melancolía por el pasado.



Para las fuerzas de los vientos tensadas, como no actúan en una única dirección, el único contratiempo es darle más tiempo al sopor, que se obtiene cuando no se dedica el cuerpo a la labor o actividad física. Y esta labor o trabajo que es la que requiere de nuestra colaboración inmediata y en la que se ganan las virtudes de forma heroica, aunque no se noten ante los demás, puede llevarnos a un estado deplorable en cuanto a los vicios, si no se mantienen “tensas”, estas fuerzas.

Dentro de estas están los cuatro impulsos o pasiones principales a quienes tenemos que dar forma para que todo nuestro espíritu esté en equilibrio. Unas tiran hacia abajo, otras hacia arriba, otras hacia los lados, cada una unida a otra. Las que tiran hacia arriba unida a la derecha, las que tiran hacia abajo, unida a la de la izquierda, como dos cuerdas que jalándose y cruzándose, forman una cruz de igual tamaño y proporción. A todas hay que darle el equilibrio necesario, pero primero alinearlas en su longitud, de modo que la fuerza que se apliquen a ellas, pueda ser la misma y nos brinden una sólida cantidad de tiempo para ejercitarse tanto en las actividades físicas y en las actividades espirituales. Después de equilibrarlas alargando las cortas, y achicando las largas, ya es preciso ejercitarse de modo continuo con los cuatro brazos. 



Dos brazos que serán el amor a Dios, y otros dos brazos que serán nuestro amor al prójimo como a uno mismo. En este eje que se forma, podemos crear más ramificaciones, porque la cruz es siempre florida y frondosa. Pero si no hay unidad en estos, no habrá tampoco ninguna otra ramificación para el ornato. En los dos primeros brazos, que serán el motor la oración, haremos el esfuerzo de mirar atentamente los otros dos brazos de nuestro prójimo, de modo que buscaremos entregarle nuestras obras de caridad. Como los brazos del Amor a Dios jalan hacia arriba y a la derecha, esto nos quiere decir que siempre miraremos al otro como superior a nosotros y lo miraremos con misericordia. Como los brazos del Amor al Prójimo jalan hacia abajo y a la izquierda, nos comportaremos como siervos inútiles y aplicaremos una justicia de caridad.



Para la sabiduría discursiva, tenemos que aplicar a nuestra inteligencia, en el momento de la quietud, el reposo y avanzar leyendo la Sagrada Escritura. En los Evangelios principalmente, pero en general, se puede obtener de todo lugar donde existan los bellos cantos a Dios, como son los salmos, los himnos, cánticos y toda la sabiduría de los libros sapienciales.



Para el panorama de la contemplación,  podemos decir que seasemeja a la forma en que Dios creó el Cielo y la Tierra, las aguas, el mar, las lumbreras, la tierra, los animales y plantas, el hombre, y fue el descanso. No ha de tomarse de forma material, pero sirve el ejemplo para cuando exista una familiaridad con ella. La contemplación en forma panorámica, como una visión en su conjunto, la tomo como una visión del entendimiento iluminado de forma gratuita, cuando vemos la armonía de la Creación y agradecemos esa gratuidad como manifestación de lo real que es en nosotros. No es un evento acontecido ayer, sino que es un evento actual. Por tanto, contemplar la Creación obedece no tanto a una explicación ni a su comprensión, sino más a una operación del entendimiento.

 Y Dios nos creo del polvo de la tierra. Y la tierra fue creada del polvo de las estrellas.

Maranatha.

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