HISTORIA DE LA SYNDÉRESIS Y LA SABIDURÍA
La conciencia moral de los pueblos ha tenido un progreso durante los siglos y es por ello importante comprender un poco de qué se trata y a qué me refiero cuando hablo de la historia de la syndéresis.
La historia en primer lugar, actúa de modo discursivo en el lenguaje y de modo temporal, mediante espacios y tiempos donde hay eventos claros de una respuesta a preguntas que el hombre va realizándose para lograr el conocimiento de sí mismo y de su entorno, que, en la situación de caída, contempla su entorno de forma hostil. Por tanto, la historia pone de primer plano eventos y situaciones que están en situación de construcción, de modo que el hombre despierta al conocimiento de la realidad en un plano informativo por su percepción de la realidad a través de sus sentidos conectados a sus potencias del alma, especialmente del entendimiento. La historia de la humanidad empieza su narración en este ambiente hostil cuando el hombre entró en pecado y la humanidad tocó un límite que lo unía a lo sobrenatural, y se alejó del conocimiento infuso y de la Sabiduría de Dios.
Ante esta situación, el hombre no sólo empezó su historia como un escenario marcado por la ignorancia, sino por la debilidad y su conocimiento se volvió pobre y parcial. Se vio empañado por una mirada corta y terrestre. Ya no tenía la Sabiduría.
El hombre entonces inició un largo proceso de reconocimiento de sí mismo, en situación de pecado y de ignorancia, mediante la esperanza de obtener algún día su redención por la promesa hecha después de la caída. Alguien de su descendencia vendría a sacarlo de su situación fatal, sometida a la muerte. Así, la humanidad, inició una historia pujante de esperanza y de aprendizaje a las llamadas que Dios hizo al hombre, por medio de sus mensajes dados a sus patriarcas y profetas. El hombre inició el camino de la syndéresis.
La syndéresis es pues la conciencia, según explica San Jerónimo. El término acuñado en filosofía explica que hay un conocimiento de lo bueno y lo malo en el hombre de forma natural, que va haciendo distinciones mediante un proceso de maduración a través de su propia cultura y educación dentro de una sociedad. Así podemos ver que pueblos primigenios en distintos lugares consideraban delitos por ejemplo, los sacrificios humanos, pero en otros eran considerados como algo normal. Vemos que la esclavitud era común en todas las civilizaciones antiguas y no fue erradicada definitivamente sino a mediados del siglo XX. Ahora nadie pensaría en la posibilidad de la esclavitud de forma institucional como lo había antes, aunque ahora existen otras formas de esclavitud, pero ese es otro tema que podría ser motivo para otro artículo.
San Jerónimo llama a la syndéresis scintilla conscientiae , y permite al hombre tener autoconciencia. Es una reflexión sobre sí mismo acerca de lo bueno y lo malo. Santo Tomás en cambio va a distinguir el término en relación a la tendencia que siente el hombre de hacer el bien y evitar el mal.
Considerando estas cosas, quiero dar a conocer un sentido particular, que, sin modificar su concepto, puede dar apertura a un sentido no sólo conceptual, sino espiritual.
Es claro que si nuestra conciencia es cierta, la verdad se nos muestra clara. Pero, la seguridad de esta conciencia está dada por un natural proceder según lo bueno que respeta el orden de lo bueno en la vida. Así, si la vida humana tiene un orden moral que tiende a vivir en la estabilidad y en la paz de la conciencia, así también todo aquello que me ordene a un estado totalizante de mi ser que practique el bien, será lo que me ayude a vivir el bien. ¿Pero quién no se equivoca? ¿No es acaso esto una incomodidad para el espíritu, el verse sometido a un vaivén de negligencia y faltas? San Josemaría Escrivá, un santo español, comentaba que su defecto más pronunciado era producido por su fuerte carácter que tendía al colérico, y que no solo se enojaba por lo que había hecho mal, sino que se enojaba porque se enojaba. Es así nuestro espíritu, vehemente en sus pasiones y busca imponerse en nuestra voluntad. No pretendo dar ninguna solución inmediata a todos nuestros defectos. Intento hacer notar que este pequeño espacio entre lo que queremos hacer y el no poder hacerlo, es como ese recorrido histórico que hay entre el primer Adán, que nace y cae, y se esfuerza en la historia de la humanidad por regresar al camino del primer orden. Somos ese primer hombre que desea volver al paraíso, donde la Sabiduría reinaba y donde nada podía incomodar al hombre. Ese recorrido que tenemos que hacer como hombres es pues, un recorrido que pasa por reconocer esa tensión que existe en lo que queremos ser y lo que somos. Esta huella que quedó en nuestro ser, producto de ese deseo de Dios en nosotros, es lo que puede ser el inicio de este camino de vuelta al inicio del hombre.
Si el hombre sometió la naturaleza a su imperio temporal, y el cosmos quedó como envuelto en un manto gris, por su voluntad inconsciente, así también el hombre, unido a Dios, podrá hacer que el cosmos regrese a ese orden primero, reconociendo su lejanía, y aceptando esa cercanía con la Sabiduría, que le sale al paso en el hoy de su existencia. Esas semillas puestas en la creación como huella de la Sabiduría de Dios en sus criaturas, nos pueden dar pistas para entender que mientras la vida del hombre se mueva en la tierra, habrá que hacer un camino de regreso al primer orden y ordenar el corazón según la Sabiduría, quien, según la Sagrada Escritura, jugaba al principio con la esfera de la tierra (Prov 8, 31)
Este camino de vuelta al principio, lo he simbolizado en este caracol de mar, como un signo de lo que es y lo que produce. Es un molusco cuya perfección aurea se describe por su espiral, la espiral de Fibonacci. Lo que produce es un molusco, pero, si se adecua también al uso antiguo de las civilizaciones próximas al origen, era utilizado para llamar a la guerra o para hacer anuncios importantes. La imagen del ángel que toca la última trompeta en el libro del Apocalipsis me hace remitir a un concepto de esperanza, y también de preparación. En todo el mundo se vive este deseo de un nuevo cambio hacia lo esencial. Para mí ese cambio es a través del reconocimiento de nuestra ignorancia, de modo que la Sabiduría, que hizo estos seres, nos enseña que el momento del cambio no es de la noche a la mañana, que es paulatino, que requiere soplar que requiere mojarse en el agua, que se necesita en fin de cuentas, salir de sí, para tocar con su voz, el límite del otro, mediante el reconocimiento de la semejanza y retomar el camino del inicio, a través de esa búsqueda incesante de hacerse pequeños, y así vuelva el tiempo en que "Dios se paseaba por el jardín a la hora de la brisa..." (Gn 3, 9).
Por tanto, pidamos a Dios esa Sabiduría del Hijo, y nos haga saber lo más adecuado para cada momento a través de este encuentro con el origen, a través de sus obras, ayudándonos mutuamente a alcanzar nuestro objetivo común.
Un saludo fraterno a todos y que la paz reine en sus familias :) .
Escribí un poema con esta temática en mi cuenta de Instagram, aquí les dejo el enlace por si desean leerlo 🙏🏻:






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