Llegó la hora de la Verdad

 



Siendo las dos y veintidós, el día veintidós de enero de dos mil veinticuatro, quiero hablar de lo que está en mí surgiendo como respuesta a varias anécdotas sobre el número veintidós. Especialmente el sentido real del número en momentos especiales de mi vida. Particularmente el día de hoy, me tocó leer la página número cuatrocientos veintidós del Catecismo de la Iglesia. Sólo quería leer realmente aquello que fuese para mi provecho. Y entonces entendí que el provecho no ha de ser sólo para mí, sino también para todos aquellos que están cerca o lejos, y que conectan con las cuestiones de la vida y el amor. La página cuatrocientos veintidós del catecismo versa sobre la comunidad humana, la persona y la sociedad. Previamente a ello, también, por obra de Dios, fui a dar con el texto de San Juan de la Cruz de Subida al Monte Carmelo, citado en el Catecismo de la Iglesia Católica. Nunca he llegado a leer por completo este libro, sino que sólo lo he tomado por medio de referencias que hacen saber sobre las pruebas que tocan al alma que va desnudándose de sus ataduras y se queda en las sombras para que sólo la luz de Dios la ilumine. En este sentido, también fue prometedor y dio con todo a lo que estaba buscando. La perfección que buscaba a mi vida que era ser sacerdote y profeta como lo es Jesucristo, la fue Dios guiando al plano de la familia, porque él me llamo a tener y a amar una familia, aunque aún no se vea reflejado en la realidad, porque la promesa aún no se cumple, pero la esperanza está guiándola. Así que, en este sentido, siento como muy personal estos mensajes, donde está enraizada también mi visión de la humanidad: ser parte de la humanidad que se hermana y que comparte la misión de llevar el mensaje del amor desde la misma raíz, desde la Trinidad de personas.

Ésa es la razón por la cual, estoy escribiendo, porque la esencia de mi llamado está en generar en la humanidad, la proximidad al encuentro con la Trinidad desde la visión familiar. La visión de la familia como seres interconexos se ve reflejada en la Trinidad del Amor, que en cierta manera es la visión del hombre al inicio y al final. Todos anhelamos entrar en comunión con el amor, con la felicidad, con la paz. Pero, para encontrar esta restauración de lo perdido (pues tenemos un vacío que quedó como marca de la ausencia de la gracia, por una condición heredada del pecado), es pues necesario que tengamos que asumir la comunión con los que han recibido ya la herencia del amor en el lavado del Bautismo. Y por ello también, me siento totalmente conectado con la experiencia numérica del amor de Dios. Él me escogió para lograr esta reconciliación como fruto del amor que él puso en mí, el día de mi bautismo, aunque sin haberme dado cuenta de ello. Posteriormente ya he podido sentirme vinculado de forma más consciente, cuando supe mi fecha de bautismo y cuando también la ví en el círculo más cercano a la vida de la gracia de sus santos que me acompañaban.

La conexión que tengo entonces, es una conexión vinculada con la visión de una humanidad histórica, de modo real, pero a la vez, en modo creciente en el conocimiento de los modos que se requieren de forma aislada y comunitaria para la salvaguarda de la integridad del amor. El amor que hay en la familia, es el principal cometido del llamado que me ha hecho el Señor. Desde mi infancia he sentido en mi corazón, un llamado especial a tomar como centro de mis metas, el reconciliar la familia, empezando por reconciliar la mía. De esta forma, me he ido adentrando en los textos de la fe, uniendo mis experiencias de amor radical y fe a este conocimiento del llamado.

El día que logre cumplir la promesa que el Padre, por la Misericordia de su Hijo ha promulgado sobre mí, será un día no solo especial, sino el día de una renovación también de mi ser, y la sanación completa de la carga (ligera) que aún es dos veces más por el peso del cuerpo y del alma😇. Pero la llevo en paz y con paciencia, aunque a veces tenga que aprender a ser doblemente paciente, pues lo que se me otorga como gracia, lo veo como incomodidad, por mi carne que aún está afecta del egoísmo.

Gracias a Dios, aún estoy a tiempo y cada día que vivo, le pido a Dios su misericordia. No entendía que la fuente de todo era la vida de Jesús. Porque la fuente de mis seguridades había estado en el vínculo de una visión del crecimiento de madurez del amor. Sin embargo, este crecimiento era llevado por la visión de Dios, que en su Hijo ha querido llevarme de espejo a ventana transparente. Esto es como si hubiese agregado a lo metálico, el tornasol de las perlas del mar. Es una comparación muy tenue, pero veo que el tornasol del amor de la vida de Dios, que es su imagen puesta en mí, como creación hecha por tiempos concretos, todo esto, me está llevando a aceptar mi miseria diaria y replicar la bondad de Dios en todo su esplendor. He combinado de forma parcial estas cosas, porque aún me falta aprender tanto de la Escritura y de demás elementos de formación y aprendizaje en lo humano. Soy todavía un hombre en madurez

Pero todo esto me da la oportunidad de centrarme en la fuerza que hay en el centro del corazón de Dios, que es como la luz del conocimiento del Amor desde el seno de Dios. Entonces mi vida se vuelve tan transparente no porque sea yo limpio, sino porque la mirada limpia del Creador me traspasa y me hace ver mis debilidades constantemente para que me arrepienta de mirar las cosas con ojos vanidosos.

Es por ello que siempre que he aprendido cosas de la misericordia y del amor, me he guardado de hablarlas en público. Pero, sé que, por la Misericordia y la Sabiduría, he de al menos decir algunas cosas, que sean para ayuda, porque en realidad ya todo está dicho en Jesús. Es por ello que me da qué pensar si esto que escribo es realmente demasiado productivo.

Pero creo que sí lo es, al menos en un tiempo de prueba y de aprendizaje. Disculpen si aún me falta comprender el ciclo completo, pero es cierto, hay cosas que son como las ruedas. Cuando están en movimiento, se ve el conjunto del movimiento, y la fuerza está en el centro, pero no vemos, en la mayoría de los casos el eje. Así me siento, que soy un simple eje, y la rueda de Dios, se va moviendo y no sé si está en tal o cual lugar.

Para no aburrirles demasiado, dejo entonces la lectura que me abrió los ojos, el texto de Romanos capítulo 6:

1.¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo!

2.Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él?

3.¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?

4.Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.

5.Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante;

6.sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.

7.Pues el que está muerto, queda librado del pecado.

8.Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,

9.sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él.

10.Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios.

11.Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

12.No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias.

13.Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios.

14.Pues el pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.

15.Pues ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ningún modo!

16.¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de obediencia, para la justicia?

17.Pero gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados,

18.y liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia. -

19.Hablo en términos humanos, en atención a vuestra flaqueza natural -. Pues si en otros tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para la santidad.

20.Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia.

21.¿Qué frutos cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues su fin es la muerte.

22.Pero al presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna.

23.Pues el salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro

 

 

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